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Vacaciones en París. Parte II.

16 de septiembre de 2015




Detalle de un geranio en los Jardines de Luxemburgo. Al fondo, borroso, el Palacio de Luxemburgo, sede del actual Senado francés.

París detrás de una cámara es otro mundo. Con mis ojos detrás del visor y mi dedo índice preparado para disparar noto que me suben las pulsaciones. Es el instante preciso de inmortalizar un momento. Aperas dura unas centésimas de segundo. Y todo se transforma en un bonito recuerdo para toda la vida, lo que las retinas no podrán detallar con el paso del tiempo.

París es luz, una cuidad de contrastes, de movimiento y de diversidad de culturas. Sus calles son para perderse, pasa salir a pasear sin planes y descubrir sus maravillas a modo de sorpresa. En cada rincón y en cada plaza, un asombroso hallazgo nos sale al paso.


Me impactó gratamente algunas de las costumbres de la ciudad: que los jardines son bien respetados, las calles está limpias, solo están bañadas de las hojas caídas de los árboles, de la amabilidad de sus gentes, del inmenso número de turistas que como yo visitan sus museos y monumentos y de la paciencia que puede tener un franco-parlante cuando no entiendes bien una conversación.

Y su gastronomía...todos los días comprábamos en PAUL baguettes, croissants y macarons para desayunar.

Macarons comprados en PAUL.
Recuerdo que el primer día salimos a la calle a andar sin un plan establecido: "vamos a dar una vuelta". Partimos desde el distrito 14 dirección noroeste, callejeando para perdernos un poco. De repente, al girar en una avenida....allí estaba ELLA: la Torre Eiffel. La vi inmensa, majestuosa, impactante...se me revolucionó el fuero interno. Seguimos caminando sin perderla de vista...y cuanto más avanzábamos, más lejos parecía que se hallaba. Hasta que bordeamos la escuela militar y llegamos a los Campos de Marte. Ahí pudimos descansar a la sombra de unos árboles y vimos que ya era la hora de almorzar. Sacamos los bocadillos de pavo y queso y nos quedamos observando a la gente que allí se reúne para comer y tomar el sol. Fue una gran idea perderse y llegar hasta allí.

Campos de Marte con la Torre Eiffel y el Palacio de Trocadero al fondo. La Torre es una mole inmensa de acero de más de 300 m.
 El día que subimos al barrio de Montmartre y visitamos la Basílica del Sagrado Corazón lo hicimos en metro. A la vuelta decidimos bajar andando y volvernos a perder por las calles. De nuevo nos pilló la hora de comer y al doblar una esquina vimos una iglesia gigante con un pequeño jardín alrededor. Observé que había gente que se llevaba el almuerzo para tomarlo en el parquecito. Me enamoró esa costumbre que ya había ido viendo con el paso de los días. Esta iglesia, la de la Santa Trinidad, acoge a todo aquel que quiera pararse a descansar, relajarse y disfrutar de un lugar bonito y fresco.

Iglesia de la Santa Trinidad
 El penúltimo día de estancia en París fuimos a ver el Arco del Triunfo y recorrer la gran avenida de los Campos Elíseos.. He de confesar que el Arco me gustó mucho pero esperaba otra cosa de los Campos Elíseos, como algo más grande y majestuoso. No sé, me parecieron como el Paseo del Parque de Málaga. Pero claro, en mi mente los tenía idealizados.

Arco del Triunfo mandado construir por Napoleón, un monumento que conmemora el triunfo de la batalla de Austerlitz.

Y os muestro de nuevo una fotografía del Museo del Louvre, una de las cosas de París que más me gustó, porque si tuviera que quedarme con algo, sería con esto y con la Torre Eiffel...aunque todo lo que hicimos y vivimos, lo llevo en el corazón con un bagaje más de mi vida.


Espero que estas entradas sobre viajes os haya gustado y os animo a que si podéis, vayáis a esta ciudad a recorrerla entera, merece la pena.

Hemos estado pensando que el año que viene iremos a recorrer España, quizás Asturias y Cantabria. Me gustaría visitar el Santuario de la Virgen de Covandonga.

Un saludo: au revoir!!!

Vacaciones en París. Parte I.

23 de agosto de 2015


París, la ciudad del amor (o eso dicen). Me encuentro de viaje por estos lares, descubriendo lugares nuevos y bonitos, cultura, conocimiento y viviendo  aventuras. París es una ciudad inmensa y bonita que merece muchísimo la pena conocer.

Con la promesa que nos hicimos el Sr. Manías y yo en hacer un gran viaje por año, optamos por esta ciudad por varios motivos. La cercanía a España, la comida, la cultura y dos buenos amigos que tenemos a los que queríamos visitar.

Es emocionante descubrir que esta ciudad ha mejorado mis expectativas en cuanto a la cantidad de bonitismos que se pueden encontrar por metro cuadrado. A la vuelta de una esquina, en mitad de una calle, en un rincón perdido...eso sin contar la cantidad ingente de monumentos que adornan cada distrito. TODO es una buena fuente de historia que nos cuenta la vida en la ciudad.

Pirámide del Museo Louvre.
El museo del Louvre es otra maravilla. Si quisiéramos visitarlo entero y recorrer todas sus galerías tardaríamos semanas. Junto con el Jardín de las Tullerías forma un complejo espectacular, que si eres buen amante de la historia y el arte, disfrutarás como nadie. La gran pirámide acristalada del centro sirve de entrada a la parte subterránea del museo, que se divide en tres salas principales. El precio de la entrada es de 15€ y ojo, porque algunos días de la semana cierra antes que otros.
Aquí se puede disfrutar de historia del arte y de la arquitectura, pasando por el antiguo Egipto hasta finales del siglo XX, ya que la pirámide central fue implantada en 1989.

Flores de una floristería al margen del Sena.
Este viaje está resultando muy estimulante, hay gran cantidad de culturas mezcladas conviviendo en la ciudad, mucha variedad de comidas, puestos de souvenirs, artesanía, figurantes en la calle, música...y un ajetreo constante de vida que nunca duerme.
Notre Dame, en Île de la Cité, una isla natural del Sena, en el centro de París.
Una cosa que me ha llamado mucho la atención es lo bien cuidada que está la ciudad, lo amable que es la gente y lo fácil que es moverse en metro. Los jardines son respetados, se usan las papeleras, apenas se ven pintadas y la mayoría de las personas te dicen "bon jour" al llegar y "au revoir" al marcharse.

Flor en uno de los Jardines del Papa Juan Pablo II, junto a la Catedral de Notre Dame.
Montmartre es quizás el barrio más bohemio de París. En sus calles se concentran pintores y turistas en busca de la foto perfecta. Desde la Basílica del Sagrado Corazón se divisa gran parte de la parte centro y sur de la cuidad. La Torre Eiffel queda muy a la derecha y es tapada por los árboles de los jardines anejos. Dentro de la Basílica se debe guardar silencio y mucho respeto. Para subir, usamos el famoso funicular, el cual se paga con un ticket t+ de los que se usan para el metro (cuestan 1,80€).
Es de las cosas que más me han gustado de París junto con la Torre Eiffel, que es digna de hacer un post solo para ella.
Este barrio de Montmartre además concentra un montón de tiendas de souvenirs y regalos y muchos lugares donde picar algo de comida. No os podéis perder la parte alta de París.

Basílica del Sagrado Corazón, en el barrio alto de Montmartre.
Hoy ya volvemos a casa, han sido 12 días llenos de experiencias, de emociones y sentimientos por una ciudad que nos ha ofrecido mucho culturalmente. Nos hemos enriquecido en el día a día y creo que cada vez que viajo, me llevo un pedacito de sus calles y su gente. Me ha encantado venir, ver a mis amigos, conocer otra ciudad y llevarme algunos recuerdos en forma de fotos y regalos. Sé que volveremos, porque es inmenso todo lo que queda por descubrir aquí.

Gracias por leerme, de corazón. Os espero en el próximo post, besos soñadores.